Salir corriendo a la escuela a llevar a los niños, y llegar con los ruleros en la cabeza y pantuflas en los pies; arribar a la oficina con el pantalón de pijama aún puesto; desesperarse por entrar al tren para llegar al trabajo y, una vez dentro, recordar que es domingo... todas situaciones propias de la falta de organización (y algo de despiste).
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